miércoles, 20 de junio de 2012

Si tu no usas la cabeza...



Si hay algo que me ha enseñado mi estancia en Salamanca, más allá de principios de economía, es la prudencia a la hora de opinar. Prudencia que veo cada vez más deteriorada, producto de las redes sociales, entre otros motivos.


Es cierto que debemos rescatar el poder informativo que tiene esta herramienta. Pero también hay que reconocer que las redes sociales han convertido los temas públicos de interés, en centro de comentarios que, la mayoría de las veces, son poco reflexivos y precipitados. Basta con dar un RT en twitter o con compartir una noticia en facebook, para que comience la avalancha de comentarios del personal, sin tomarse el tiempo de medir los alcances de la noticia.


La facilidad para dar a conocer primicias y opiniones ha llevado a que  las personas simplemente se dejen llevar por el furor que produce el tema en las redes. Si el tema está de moda, se reproduce sin el menor grado de depuración de la información. Como diría mi padre "comen entero" y llevan las discusiones a escenarios donde no se deben llevar.  


Y para que me crean, ahí les va un ejemplo. La semana pasada, salió la noticia de que el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro, finalizó el contrato con la corporación taurina mediante el cual se entregaba en arrendamiento a ésta, la Plaza de toros "La Santamaría". La noticia, por supuesto, se esparció por la red y produjo toda clase de comentarios, la mayoría de ellos (por no decir todos) haciendo referencia a la protección de las minorías, al derecho de los animales, a la administración de Petro, etc. Aquí, dos de los tweets que más me causaron perplejidad por su alto grado de desinformación:



   








¿Por qué me parecen imprudentes estas opiniones? Resulta que el fundamento que llevó a la alcaldía a terminar el contrato es nada más y nada menos que un pronunciamiento de la Corte Constitucional. Mediante la sentencia C-666 de 2010, la Corte declaró exequible el artículo 7° de la Ley 84 de 1989 que permite la práctica de las actividades de entretenimiento y de expresión cultural con animales  "siempre y cuando se entienda que estos deben, en todo caso, recibir protección especial contra el sufrimiento y el dolor durante el transcurso de esas actividades".


En una interpretación JURÍDICA de la sentencia, la alcaldía entendió que, en las corridas de toros, la muerte del animal implicaba sufrimiento y dolor. Por este motivo, la alcaldía pidió a la Corporación Taurina que no se matara al toro en la arena, a lo cual la Corporación se negó, lo que llevó a la terminación del contrato.


Como ven, se trata de un tema eminentemente jurídico de interpretación de los alcances de una sentencia. Por eso, hablar de consultas populares y de legislación según los "gustos personales" es una completa insensatez. No se trata de un tema democrático de protección de las minorías, ni se trata de una atribución de competencias por fuera de la ley. Se trata de un debate de derecho y debe mantenerse en ese sentido. La medida, no refleja los gustos taurinos del alcalde, simplemente, se ejecuta un acto en cumplimiento de una sentencia. 


El verdadero debate es si la interpretación de la sentencia por parte de la alcaldía es errónea o no y, en ese espacio son bien recibidos todos los comentarios del personal. Pero no se puede caer en el error de llevar los debates a planos diferentes que nada tienen que ver con la noticia. 


Y con esto, aclaro, no quiero decir que este de acuerdo o no con la medida tomada por la alcaldía. Mi postura al respecto la dejaré para una pelea de borrachos que quieran arreglar el país. 


Por esto, les hago una cordial invitación a mis lectores, para que antes de emitir juicios de valor sobre algún tema, se informen, analicen y finalmente den su opinión. No reproduzcan información que no se han tomado el trabajo de estudiar, porque como dice Rubén Blades "si tu no usas la cabeza, otro por ti la va a usar".