viernes, 30 de agosto de 2013

De los Falsos Patriotismos


Hace poco, leí en un perfil de facebook una frase que resumió claramente mis pensamientos: "de verdad que este país para quererlo le exige a uno un amor de madre abnegada". Su autora tiene toda la razón.

Por eso no creo en los falsos patriotismos de personas que se rasgan las vestiduras cada vez que oyen criticas del país. Esos mismos que se escandalizan al escuchar frases como "país de mierda" y que con cada comentario negativo de este moridero invitan comedidamente al personaje en cuestión a que, por favor, se vaya del país, porque no necesitamos personas negativas que solo critican. Esos mismos que consideran que el país del sagrado corazón de Jesus es un mar de oportunidades y que aquí el que no consigue nada, es porque no se esfuerza lo suficiente o no lo merece. Porque trabajo si hay y en condiciones dignas. Porque aquí todo anda bien y los malos son unos pocos que empañan la imagen del resto.

Lo que me lleva a recordar algo que leí en alguna columna del diario El País de España: es hipócrita creer que los gobernantes son diferentes de las personas que gobiernan. Para el tema de esta columna, es hipócrita pensar que los problemas del país provienen de unos pocos y no de toda una sociedad. Finalmente, esos pocos son el reflejo de lo que somos, de lo que hemos construido (o destruido) a través de los años. 

Es fácil notarlo, finalmente, la corrupción, la deshonestidad y la cultura del atajo alcanzan todos los niveles sociales. Desde la persona que piratea música, pasando por los compradores que preferimos ahorrar que tributar, hasta llegar a los representantes políticos donde la magnitud de las conducta crean el sofisma de que son ellos los corruptos. Porque son ellos y solo ellos los corruptos, no nosotros que si acaso, vamos a San Andresito a comprar más barato.

Pero esa descomposición social no la notan los falsos patriotas. O para no insultar su inteligencia, la notan, pero la niegan. Porque solo son unos pocos. Yo por el contrario creo que somos más los que hacemos mal las cosas y son muy pocos los que, con verdadero patriotismo, reivindican la nación.

Y decir la verdad de forma cruda no me convierte en un apatriado. Me duelen las cosas que suceden en este país, tanto o más que a los "patriotas". Lo que nos diferencia es la sinceridad con que abordamos la realidad. Porque así les incomode y se nieguen a aceptarlo, vivimos en un país de mierda.